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Dende 1973 estudiando, divulgando e defendendo o patrimonio natural galego

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En defensa de los Mamíferos Marinos

“No se verán sino algunas partes de estas especies gigantescas,
sus restos se convertirán en una basura que los vientos dispersarán,
y no existirán sino en la memoria de los hombres
o en las descripciones del genio”.
Lacépède

Para los que en la actualidad trabajamos muy cerca de los mamíferos marinos, en un presente afortunado para los cetáceos después de siglos de matanzas, es un honor mirar hacia atrás y reconocer a nuestros compañeros de aquellos primeros tiempos de la SGHN como la semilla de la sensibilidad y del estudio de los mamíferos que viven en el mar en nuestra Comunidad. Quisiéramos ser parte viva de aquellos tiempos para sentir más intensa si cabe la satisfacción de haber contribuido a poner fin a la caza industrial de las ballenas en Galicia y en España. Vaya por delante nuestra admiración por ellos y el orgullo de pertenecer a la misma asociación.

La caza de las ballenas es una actividad que se conoce en nuestra tierra de forma artesanal desde el siglo XIII. Fue en el siglo XX cuando se inició la industria ballenera como tal, con dos compañías en el año 1924, que cerraron a finales de esa misma década. En los años 50 reaparece la caza de cetáceos en Galicia, único lugar de España donde se practicó en ese momento, con dos empresas (Massó Hermanos e IBSA) y tres factorías en tierra (Morás en Lugo, Caneliñas en Cee y Balea en Cangas), abastecidas por hasta cinco barcos balleneros: Lobeiro, Carrumeiro, Ibsa I, Ibsa II, hundidos con explosivos en un atentado en el Puerto de Marín, y el Ibsa III.

En el año 1974 la empresa multinacional Taiyo (Japón) firmó un acuerdo de compra de la totalidad de la masa muscular de ballena con la empresa IBSA, perteneciente en su mayoría a la familia pontevedresa de conserveros Massó y al abogado y político Iglesias Corral, lo que conllevó, por intereses económicos, un incremento considerable del número de capturas, incluso de ejemplares juveniles, en especies que se encontraban ya en peligro. IBSA cazaba en un “stock” fuera de los acuerdos internacionales, capturando especies protegidas, sin que sobre esta actividad hubiera ningún tipo de control. La mayoría de las capturas fueron de Rorcual común, Cachalote e incluso da la ya casi en peligro de extinción Ballena azul. No se respetaron tallas mínimas, número de capturas, caza de ballenatos o hembras seguidas de crías, ni acuerdos legislativos como el del año 1947 que permitía solamente la captura de una ballena por barco y día. Los intentos de visitar las factorías, en pleno funcionamiento, eran obstaculizados hasta con amenazas físicas, y había que observar la actividad desde el exterior.

Un creciente sentimiento de rechazo ante el exterminio de las ballenas como símbolo de la irracionalidad de la industria que tan sólo buscaba beneficio, crecía en la población. La sensibilización hacia la naturaleza y los seres vivos que nos rodean surgió con fuerza y se hizo realidad en la propia SGHN, que creó una comisión para recabar información sobre la situación de los cetáceos en aguas de Galicia. Con los resultados conseguidos se inicia una campaña en 1980 bajo el lema: “Contra la caza de ballenas en Galicia: por una legislación proteccionista para los mamíferos marinos”, que alcanza una gran aceptación de la población avalando la solicitud de la moratoria. Ese mismo año la Sección de Biología Marina de la SGHN publica “As Baleas cara á extinción” de la que fueron autores Carlos Durán Neira, Xosé Manuel Penas Patiño y Antonio Piñeiro Seage. Los dibujos de María Xosé López Barral y los carteles de Carlos Silvar ilustran la preocupación por un tema que pretendía llegar a la mayor parte de la población. Con un equipo de megafonía se recorrieron las principales poblaciones gallegas llevando una ballena hinchable, símbolo de aquellas que se deseaba proteger, solicitando una moratoria indefinida para la caza de los mamíferos marinos en las aguas costeras gallegas y su protección, contemplada en la Ley General de Medioambiente. Desde el mar la asociación “Greenpeace”, que luchaba contra la caza de ballenas en Galicia desde 1978, interfiere en pleno océano a los barcos balleneros desde pequeñas embarcaciones neumáticas. Su barco “Rainbow Warrior” es apresado por la Marina española y llevado al puerto de Ferrol, donde su tripulación fue retenida durante cinco meses, hasta que el navío ecologista consigue escapar. La SGHN tuvo algunas reuniones con ellos (Remi Parmentier) en Coruña y Ferrol.

La campaña de petición de la moratoria fue apoyada por miles de personas y por muchas otras asociaciones de toda la Península; como fruto de todo ese interés por los mamíferos marinos se iniciaron estudios científicos que se interesaban por aquellos cuerpos que el mar dejaba sobre las playas. El ano 1980 significó el inicio no sólo del respeto y la protección de los cetáceos, sino también del interés por acercarse al conocimiento de los hasta entonces desconocidos mamíferos marinos y a su biología, con estudios escasos, antiguos [habría que remontarse a finales del S. XIX (López Seoane e Graells- o a comienzos del S. XX – Cabrera-) y difíciles de encontrar. De ahí el interés por poseer datos actualizados y material propio. Para proceder a un intercambio de información, en el verano de 1981, la SGHN organiza en Santiago las “I Xornadas Ibéricas de Mamíferos Mariños”, procediendo al intercambio de información y métodos de trabajo y en las que, entre otros acuerdos, se establece la necesidad de una inspección seria y continuada a pie de factoría por parte de la Administración.

La SGHN junto con ASECA, AEPDEN, ADEGA, Amics de la Terra, Andalus, GEG, MEVO e Katagorri Taldea presentan un escrito ante la Subsecretaría de Pesca amparada por 120.000 firmas, pidiendo el cese de las actividades balleneras, aportando información de índole científica y de las capturas, que llega a todos los partidos políticos y que da como resultado la formulación de interpelaciones parlamentarias. El 16 de diciembre se presenta una proposición no de ley, aprobada en febrero de 1982, sobre el cesamiento de la actividad industrial en la caza de las ballenas. La Delegación española lleva a la CBI en su 34 reunión de la Comisión el posicionamiento favorable a la paralización de las capturas de cetáceos, que fue decisivo para la aprobación de la moratoria internacional.

Y tal como Penas Patiño y Piñeiro Seage decían en su libro “Cetáceos, focas e tartarugas mariñas das costas Ibéricas”:

“La moratoria acordada significa una victoria importante para todos los grupos ecologistas de España y para cuantos en el mundo entero piensan que el hombre debe saber compartir el Planeta y explotar racionalmente sus recursos porque las actividades de la especie humana en ningún caso deben significar la extinción de ninguna otra especie viva”.