UCI de Lobos Marinos y Tortugas

“Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en la que trata a sus animales”. Mahatma Gandhi

“El hombre hizo de la tierra un infierno para los animales”. Arthur Schopenhauer

Para la Sección de Mamíferos Marinos ya existía desde el año 2000 una implicación real en la atención a las focas y tortugas marinas que con cierta frecuencia llegaban a las costas gallegasn. Por otro lado, este inicio vino a llenar un hueco no sólo en Galicia, sino en el total de la Península, hasta ese momento con importantes ausencias en este tipo de asistencia.

La relación con los mamíferos marinos forma parte de la esencia de la SGHN desde sus inicios. Desde 1999 la colaboración con la Coordinadora para el Estudio de los Mamíferos Marinos permitió ese contacto regular con cetáceos, focas y tortugas marinas. La CEMMA inició en ese año el trabajo ininterrumpido hasta la actualidad, dentro de un convenio con la Consellería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia, que la convirtió en la única institución responsable de la asistencia a los varamientos en la costa gallega, la gestión del banco de muestras, el estudio poblacional de las especies y la redacción de los planes de gestión de aquellas más amenazadas. El convenio incluía también la recuperación de los animales heridos, con todas las dificultades que, trabajar a pie de playa y con medios más que escasos, pueden suponerse.

En el caso de las focas, individuos en su gran mayoría con pocos meses de vida, alejados de sus lugares de nacimiento por los vientos, corrientes y la dispersión normal de una especie que habita los grandes espacios marinos y encuentra las costas del norte ibérico como accidentes geográfico y con las muchas dificultades que el hombre crea a su alrededor: aparejos de pesca, basura flotando en el mar y redes a la deriva, escollos muchas veces insalvables para animales pequeños en proceso de aprendizaje que no siempre pueden superar por si mismos. La especie que con mayor frecuencia llega hasta Galicia es la Foca gris Halichoerus grypus en la gran mayoría de los casos, seguida de la Foca de cascos Cystophora cristata y de la Foca común Phoca vitulina.

En las tortugas marinas, la Caretta caretta es la que mayoritariamente ocupó las instalaciones de la UCI; animales solitarios, después de salir del nido y acercarse al agua, comienzan una fase pelágica, dejándose llevar por las corrientes marinas y alimentándose de algas, como los sargazos. Cuando la concha alcanza unos 60 cm, cambian el hábitat por otro de aguas profundas, próximas al fondo, o demersales. En nuestras costas aparecen ejemplares de origen centro americano, en esa primera fase pelágica, animales pequeños que sufren el contacto con las aguas frías de Galicia, varando en las playas o topando con las redes a la deriva, basura o anzuelos, enemigos todos ellos de esta especie que se encuentra muy amenazada. Tenemos algunos casos excepcionales de Tortuga verde Chelonia mydas. No tenemos registrado ningún caso de Tortuga laúd Dermochelys coriacea viva, ya que todos los casos de varamientos registrados de esta especie lo son de animales muertos o capturados accidentalmente en aparejos de pesca y liberados por el propio pescador siguiendo nuestras indicaciones.

Veinte focas grises, seis focas de cascos, dos tortugas verdes y ocho tortugas carettas fueron pasando por la UCI, con estancias variables, desde unos pocos días hasta casi un año. Primero en las dependencias situadas en el viejo local del antiguo hospicio, donde la SGHN tenía su sede en Ferrol y donde el incipiente Museo empezaba su camino, adecuadamente preparado para su utilización como sala húmeda, sirvió para acoger a aquellos animales y darles los cuidados que su precaria salud demandaba. En los primeros casos en los que trabajamos, sirvió de descanso para los enfermos en el viaje que emprenderían hasta el sur de Galicia, donde la CEMMA había iniciado los primeros trabajos con animales heridos, pero poco a poco nuestra sala húmeda fue definiéndose como el lugar adecuado para que recibieran atenciones veterinarias en una primera fase de recuperación.

Desde ese momento la instalación no estuvo vacía ni una sola temporada. Pasaron trece años llenos de más dificultades, en cifras numéricas, que satisfacciones, pero estas últimas, afortunadamente, fueron tan grandes que taparon completamente los aspectos difíciles y amargos de lo sucedido en todo este tiempo. De este análisis se deduce que con ilusión y ganas de trabajar, se consigue casi todo lo que el ánimo propone, ya que los resultados son una evidencia de esta afirmación. Muchos son los logros conseguidos desde aquel día en el que nos encontramos, refugiado entre las rocas de la playa de San Xurxo, en una costa tan próxima a nosotros, a una foca gris muy debilitada y la llevamos hasta la sala húmeda con la esperanza de darle toda la ayuda que estuviese en nuestras manos para que pudiera seguir su camino, proporcionándole en definitiva una segunda oportunidad en la vida.

Con la primera foca ingresada y recuperada en nuestras instalaciones y con las siguientes fuimos ganando experiencia y conocimiento sobre su comportamiento, biología y problemática. La mayoría de los resultados obtenidos en estos años fueron éxitos, con un alto porcentaje de supervivencia que ayudó a paliar aquellos casos en los que los animales no pudieron recuperarse.

El cambio definitivo a la “Casa del Coronel”, en 2011, el edificio al que nos trasladamos con nuestro haber expositivo, pero con escasos medios económicos y de infraestructura, dejó aparcado el proyecto de recuperación de fauna, marcando otra meta que superar: hacer una nueva UCI, a ser posible mejorar que la que teníamos. Y ese fue el milagro de las baldosas y del cemento, ya que se multiplicaban de tal manera, gracias a la donación de materiales de tantos amigos y compañeros que lo que parecía imposible, cogió forma.

Pero sin duda fue la mano de obra voluntaria y altruista de aquellos que creyeron en el proyecto y en la necesidad de continuidad, la que hizo realidad y llevó a término la nueva UCI, junto con el apoyo económico del propio Museo, que compartió su siempre escaso presupuesto, y el de la Sección de Astronomía de la SGHN, presta siempre a colaborar en todos los proyectos que giran dentro del complejo de esta obra común. Todavía no estaba terminada del todo la instalación, cuando apareció la primera foca de la temporada e inauguramos aquella obra fruto de remiendos y prestados.

Este trabajo de recuperación de fauna amenazada, que se encuentra incluido en la Red de Varamientos de la Dirección Xeral de Conservación da Natureza de la Xunta de Galicia, gestionada por la CEMMA, cubría hasta Diciembre de 2012 la atención en primera fase de los animales que arriban a las costas gallegas con unas condiciones precarias de salud, por lo que precisan atención veterinaria y cuidados especiales, en la mayoría de los casos fuera del medio líquido, lo que permite el suministro del tratamiento de una manera más adecuada.

No cubría, sin embargo, la rehabilitación final del ejemplar que le permitiera recuperar sus capacidades para ser liberado con garantías de supervivencia. Esta etapa constituye también una adaptación al medio natural y la eliminación en la medida de lo posible de la impregnación humana y su asociación con el alimento. Esta segunda fase precisa de unas instalaciones diferentes a las que se utilizan para la UCI, en la que el agua está presente en pequeñas bañeras donde se permite a los animales la introducción, en función de las lesiones o complicaciones que presenta.

Una serie de casualidades coincidieron para que nos encontrásemos de pronto con la posibilidad de afrontar ese reto: rematar el tiempo de rehabilitación en las propias instalaciones del Museo. Por un lado los compañeros del Centro de Reabilitaçao de Animais Marinhos de Quiaios (Portugal) http://socpvs.org/cramq.php facilitaron a la CEMMA de una forma totalmente desinteresada, una piscina de lona desmontable con capacidad para 13.000 litros de agua, exactamente igual que aquellas en las que el centro de rehabilitación de la Sociedade Portuguesa de Vida Selvagem atiende con admirable dedicación y merecido éxito a tantos animales. El filtro de arena, motor, material de fontanería, etc., necesario para mantener el agua limpia en un circuito cerrado, donde los animales pudieran nadar en las condiciones higiénicas precisas para su salud, fue asumido por la CEMMA, que hizo un importante esfuerzo económico para adquirir todo ese material, preciso para poner en marcha un proyecto que nos ilusionaba a todos.

Y así fue como empezamos con fuerza y ganas a montar un “lobeiro” o zona cerrada a los ojos curiosos, donde los animales pudieran fortalecer sus músculos, situado en el exterior, lo más lejos posible del contacto humano, pero en la seguridad de nuestro control. El espacio vacío entre las dos alas del edificio del Museo, que vuela hacia la plaza de Canido era como un regalo. Entre tres paredes y una cuarta de reja, suelo de cemento firmemente asentado, presentaba todas las condiciones para hacer de él una nueva sala de rehabilitación complementaria de la UCI y separada de ella escasos metros.

Fue preciso un trabajo intenso: limpieza a fondo del lugar, instalación de redes de ocultamiento en todos aquellos lugares susceptibles de interrumpir lo que tendría que ser un espacio tranquilo y apartado del ruido diario. Los compañeros de la CEMMA nos trajeron el equipo de bomba y filtro, haciendo el cálculo del sistema de depuración básico y del tiempo de recirculación del agua en la piscina, así como el del correcto mantenimiento del valor del pH y del necesario ajuste de los niveles químicos de agua, con especial cuidado con los del cloro, tratándose de un vaso que tendrían que acoger a un animal de forma continuada.

En este punto hacemos un paréntesis para mencionar, una vez más, el meritorio comportamiento de tantos amigos y colaboradores, que aportaron su esfuerzo. Porque nos hicieron falta desde fontaneros hasta barrenderos; fuertes hombros para cargar materiales y manos delicadas para amarrar cada cuerda en su lugar y con todas contamos. Trabajamos apurando las horas y limando dificultades, como encajar el filtro y el motor con la piscina asegurándonos de que no perdiese agua en algún lugar. Y llegó el momento de llenar aquel, para nosotros, enorme vaso con agua, labor imposible de abordar con nuestros recursos. Fue el Cuerpo de Bomberos de Ferrol el que acudió en nuestra ayuda, transportando hasta el “foqueiro” los miles de litros de agua que se precisaban. Gracias a su colaboración y en poco tiempo tuvimos todo preparado para acoger a su primer inquilino: la foca Castro.

La finalidad con la que asumimos toda esta empresa se cumplió y el animal culminó el tiempo de rehabilitación, pero fatalmente las instalaciones no llegaron a acoger a ninguna otra foca ya que la lona de la piscina rompió de manera inesperada e inexplicable. Tuvimos que procurarnos otra salida para la segunda foca de ese año, acogida finalmente en el IGAFA de Vilagarcía.

Este es un relato sin final, ya que aún tenemos que limar muchas dificultades y campear fracasos difíciles muchas veces de superar. Nuestro objetivo es conseguir las mejores condiciones para los animales que atendemos y lo haremos condicionados por el coste que alcance cada una de las iniciativas. En el tiempo de descanso, fuera de la temporada de aparición de animales, llega el momento de la reflexión sobre los cambios que tenemos que adoptar y las mejoras que precisamos, en un terreno inestable entre lo que quisiéramos y lo que podemos tener. Pero esa fue siempre nuestra historia, hacia delante teniendo presente, lo que decía Sócrates: “Para desembarcar en la isla de la sabiduría hay que navegar en un océano de aflicciones”.

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